Al este de occidente
Miroslav Penkov (Gabrovo, 1982)
■ Cuentos ■ Seix Barral (2012) ■ 288 páginas
Miroslav Penkov, el autor, es sicólogo y vive desde hace algunos años en Estados Unidos. Su narrativa publicada, escrita en inglés y no en su lengua natal, ha cosechado merecidos elogios. Este es su primer libro y agrupa ocho relatos. El hilo conductor es Bulgaria: no la nación europea que todos conocemos, sino la Bulgaria íntima del escritor. Este no es un volumen de anécdotas pintorescas ni estampas turísticas, Penkov es un autor con verdaderas historias que contar.
Algunos cuentos son formalmente impecables –el que da título al conjunto es buen ejemplo de ello-. Casi siempre nos topamos con el narrador en primera persona y un tono confesional. Son relatos de largo aliento y lo que pasa en ellos es particular aunque probable: la historia de amor entre dos primos interrumpida por un río que separa sus pueblos, la disputa entre un abuelo comunista y su nieto que aprende inglés para irse a estudiar al extranjero, una pareja de esposos accidentalmente culpables de la muerte de un niño gitano pero imposibilitados de confesarlo, un niño prodigio que se desperdicia viviendo del robo y del engaño. Estos y más personajes desfilan al compás de una melodía agridulce en la prosa de Penkov. Sorprende no solo la destreza sino también la belleza de que es capaz el autor. Sus reflexiones y descripciones calzan un lirismo pocas veces visto en narradores actuales. Lirismo que se hace filudo y peligroso al combinarse con un escepticismo sutil y una ironía muy bien camuflada. Su maestría en los diálogos otorga volumen y calidez a sus personajes, cada uno de los cuales se nos presenta como el resultado de su propia historia.
Los búlgaros de Penkov viven en eterno conflicto, convulsionados como el territorio que los vio nacer y crecer. Hacen frente a sus tragedias personales entre una guerra y la siguiente (la de los Balcanes, las Mundiales, Kosovo), con vecinos siempre en discordia (turcos, serbios, rumanos, alemanes, rusos), con gobiernos que se erigen y colapsan continuamente (el dominio otomano o el yugo comunista) o tratando de encajar en un Occidente que les es ajeno. Buscando, entre todo eso, un respiro para restaurar el bien en sus vidas. No hay desperdicio en estos cuentos donde queda claro que una nación no es una bandera o un mapa sino la propia sangre corriendo por la venas.




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